En el mundo podemos encontrar 170 museos de la paz, un tercio de ellos están en Japón. Un país que su historia belicista dejó enormes cicatrices en su población, es por ello, que la llevaron a demandar la construcción de una cultura de paz.
Ikuro Anzai, director honorario de uno de ellos, es una de las figuras más descollantes en el desarrollo de estos centros en Japón. Para él, los museos cumplen un papel de “alfabetización de la paz” a nivel mundial, que no se limita a la ausencia de guerra sino de todo tipo de violencia y agresión a los derechos humanos y colectivos.
En 2008, el museo de Kyoto organizó la Sexta Conferencia Internacional de Museos por la Paz, que tuvo a Anzai como uno de sus promotores y que contó con 5.000 participantes de más de 50 países.
Japón es un país con unos antecedentes bélicos importantes. La II Guerra Mundial marcó un antes y un después en este estado, los ataques nucleares (por las bombas atómicas contra Hiroshima y Nagasaki), desarrollaron en la población un fuerte impulso por buscar la paz.
Los japoneses han sido una fuerza importante de presión sobre las administraciones de pueblos y ciudades para que se declaren libres de armas nucleares o para que construyan museos de paz. La sociedad civil demostró en serio su capacidad para construir la paz.
Fuentes:
Amnistía Internacional
IPS Noticias
